El sarampión: un desafío aún en el siglo XXI

"El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad."

El sarampión es la más peligrosa de las enfermedades eruptivas y cuando se trata de niños pequeños, desnutridos y los que padecen de bronquitis crónica o asma, puede con gran frecuencia complicarse y convertirse en bronqueoneumonía. En pacientes que ostentan cierto grado de desnutrición, se agravan tremendamente. Otra complicación, menos frecuente pero igualmente grave, es la cefalitis, una inflamación del cerebro que se manifiesta por convulsiones, inconsciencia y parálisis y que cuando no mata, deja lesiones irreversibles.

El sarampión es uno de los virus más contagiosos que se conocen y es el responsable de más del 10 por ciento del total de defunciones de menores de cinco años que ocurren anualmente en el Mundo, de las cuales la mitad corresponde a menores de un año. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que en el 1994 más de un millón de niños fallecieron a causa del sarampión, una cifra superior al total de defunciones infantiles causadas por el conjunto de las enfermedades inmonupreventibles incluidas en el Programa Ampliado de Inmunización (PAI) de las Naciones Unidas.

Cerca del 98 por ciento de las muertes ocasionadas por el sarampión ocurren en países en desarrollo, siendo una de las enfermedades infantiles más mortíferas, pues ocasiona más muertes infantiles que cualquier otra enfermedad preventible mediante la vacuna.

La OMS estima que cada año ocurren 40 millones de casos de sarampión en el Mundo, declarándose sólo una pequeña proporción. La enfermedad encuentra condiciones favorables de propagación en las ciudades, en particular en zonas urbanas marginales donde el hacinamiento, la carencia de saneamiento y la baja cobertura de las vacunas favorecen una difusión. Un ejemplo de ello son las importaciones detectadas en las Bahamas y en Trinidad y Tobago, que pusieron de relieve el peligro de éstas y la necesidad de ceñirse a la estrategia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)  para erradicar el sarampión, en especial el mantenimiento de un alto grado de cobertura de vacunación y de las campañas periódicas de seguimiento.

Los primeros escritos sobre el sarampión son atribuidos a Abu Beckr, médico persa del siglo X, que se refirió al sarampión como un hasbah lo cual significa erupción en árabe y lo describe como una enfermedad más severa que la viruela, pensando que ambas enfermedades surgieron de un proceso patológico.

El sarampión no tiene un reservorio animal, por lo que necesita de una población de 100 mil personas para mantener la presencia del virus. Poblaciones de este tamaño no existieron hasta el desarrollo del Antiguo Egipto y las ciudades suramericanas a finales del tercer milenio antes de nuestra era, por lo que se plantea que enfermedades como el sarampión deben haber surgido en este tiempo; quizás por la adaptación en humanos que estuvieron relacionados con virus de los animales; por ejemplo, el virus de la peste bovina.

El virus entra por el sistema respiratorio, donde se implanta y se multiplica. En el tiempo que aparece en periodo prodrómico catarral y la erupción, el virus se encuentra en la sangre, en las secreciones nasofaríngeas y traqueobronquiales, y en las secreciones conjuntivales. Persiste  en la sangre y en las secreciones nasofaríngeas por dos días después de que aparece la erupción, además, produce las llamadas manchas de Koplick, que son vesículas en la boca formadas por exudaciones locales de suero y células endoteliales, seguidas por necrosis focal. En la piel los capilares de la demis son los primeros afectados y es aquí donde aparece la erupción.

Las manifestaciones clínicas que presenta esta enfermedad aguda son fiebre, catarro, coriza, conjuntivitis, erupción maculopapular eritematosa y las manchas de Koplik. Diversos autores han llamado la atención sobre las infecciones secundarias subsiguientes como importantes factores que contribuyen a esa morbilidad y mortalidad. Desde hace mucho tiempo se considera que los agentes de la infección son bacterianos y víricos. Más reciente se han hecho notar las lesiones necrotizantes específicas que se producen después del sarampión cuando se presentan infecciones de virus herpéticos.

El virus del sarampión puede ser diagnosticado por el aislamiento viral den cultivo de tejidos de secreciones nasofaríngeas, conjuntivales, de la sangre y de la orina durante la fase febril de la enfermedad, pero es una técnica difícil y no siempre está disponible. El diagnóstico suele basarse en datos clínicos; puede confirmare por la presencia de anticuerpos específicos contra el sarampión o un aumento significativo de las concentraciones de anticuerpos obtenidos en la fase aguda y en la convalecencia. Algunos pacientes experimentan un aumento sustancial en el título de anticuerpos si el suero inicial es obtenido a los cuatro días o más después de la aparición de la erupción.

La historia de la elaboración de la vacuna antisarampiona atenuada comenzó en el 1954 cuando Enders y Peebles consiguieron propagar el virus en cultivo celular humano y de monos a partir de secreciones de la garganta, o de la sangre obtenida de pacientes poco después de la aparición del exantema. En la actualidad, en las investigaciones sobre vacunas contra el sarampión se propone una vacuna ideal que deberá reunir las siguientes condiciones: que se pueda administrar a niños pequeños, que no sea inyectable, que sea termoestable y que se pueda utilizar sin necesidad de resconstruirla.

En Cuba, por ejemplo, el Programa Nacional de Inmunización (PNI) ha tenido como objetivo el control de las enfermedades prevenibles por vacunas. Fueron llevadas a cabo 4 estrategias de vacunación, con el principal propósito de interrumpir la transmición del sarampión y otras enfermedades.

La vacunación antisarampiona en Cuba se inició en el 1971, con la aplicación de diferentes esquemas hasta 1989. Sus resultados permitieron reducir de forma considerable la mortalidad y alejar los brotes epidémicos. En octubre de 1989 se inició la vacunación con vacuna trivalente (sarampión-rúbeola-paroditis) al año de edad. En abril de 1988 se inició un programa de iliminación de estas tres enfermedades virales que terminó en diciembre de 1990. En 1989, la cobertura con este tipo de vacuna en los niños de un año de edad, alcanzó el 97 por ciento. Ese mismo año se logró una tasa de 0.1 por ciento de 100 mil habitantes. Desde 1985 hasta 1990 no se registró ninguna defunción por sarampión.

Del mismo modo, desde el año 1993 no se ha reportado ningún caso de sarampión, lo cual nos permite decir que se ha logrado interrumpir el ciclo de la enfermedad en el País. La estrategia de vacunación antisarampionosa realizada en Cuba en 1986, fue aplicada después en casi todos los países de América Latina con magníficos resultados.

El sarampión es una enfermedad universal. En zonas templadas aparece más comúnmente a finales del invierno y principios de la primavera. En zonas tropicales, la transmisión parece incrementarse después de la estación de lluvia.

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1 comentario

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0101 0101@mail.com3 d octubre d 2013 a las 02:08 (UTC)
La frase del inicio no tiene absolutamente nada que ver con la enfermedad. Es una analogía política. Claramente, el autor no la comprendió. Presten más atención a esos detalles y a la ortografía del artículo también.

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