El Capítulo XXI de “La Naranja Mecánica”

Una de las películas más populares de Stanley Kubrick es “La Naranja Mecánica” (1971), basada en la novela homónima de Anthony Burgess.

La película es muy fiel al libro: la trama, el argumento, las descripciones, las características de los personajes son idénticas. Sin embargo, el final es diferente.

La trama de “La Naranja Mecánica”, según explicó Burguess, se origina a partir de la traumática violación de su mujer a principios de la década del 60 por unos soldados americanos. De allí, se comprende el grado de violencia que el autor le imprimió a la obra y sobre todo al retrato de su protagonista. Tanto al lector como al espectador Alex y su contexto le generan un rechazo visceral.

La historia está ambientada en una Londres futurista cuyo protagonista, Alex, es un joven de 18 años adicto al sexo, a la música de Beethoven y a la ultraviolencia. Él junto a sus secuaces “los drugos” recorren la ciudad impartiendo violencia. Propinan palizas a viejos vagabundos, violan mujeres y de vez en vez se enfrentan con otros pandilleros.

Las aventuras de ultraviolencia del muchacho llegan a su fin cuando cae en prisión. Allí es sometido al “Tratamiento Ludovico”, un procedimiento psicológico que removerá su sed de violencia. Al tiempo sale de prisión reformado pero los resultados del tratamiento no son lo que se esperaban. El anhelo de violencia no desaparece pero cada vez que Alex lo siente sufre un insoportable malestar físico que le impide realizarlo. Luego de una serie de hechos Alex logra deshacerse de la barrera impuesta por el tratamiento Ludovico y vuelve a ser el mismo de antes.

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Capítulo XXI

Burguess, un poco más benevolente con su personaje, en el final de la historia (en el famoso capítulo XXI) permite que Alex se regenere, esta vez, por medios naturales. Sin embargo, su editor para la versión estadounidense le propuso que quitara el último capítulo porque consideraba que los lectores preferirían que Alex nunca se revindicara. De este modo fue como se publicó en USA.

 En versión de Kubrick: Alex narra el final de la película: “Definitivamente, estaba curado” dice. Mientras se ve una fantasía surreal de él mismo copulando con una mujer en la nieve, rodeado por damas y caballeros victorianos aplaudiéndole, mientras se puede escuchar el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven de fondo. Definitivamente al cineasta le gustaba más la historia sin el capítulo XXI.

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